Olvidar dónde hemos dejado las llaves, entrar en una habitación y no recordar qué íbamos a hacer o necesitar unos segundos para encontrar una palabra son situaciones que pueden ocurrirle a cualquiera. Un olvido aislado no significa que una persona tenga Alzheimer.
La preocupación aparece cuando los cambios de memoria o de otras capacidades cognitivas se repiten, progresan con el tiempo y empiezan a interferir en la vida cotidiana. En esos casos, especialmente si la familia también ha comenzado a notar cambios, es recomendable consultar con un profesional sanitario.
La enfermedad de Alzheimer suele comenzar de forma gradual. Los primeros síntomas pueden ser leves y confundirse fácilmente con despistes propios de la edad. Sin embargo, existen algunas señales que conviene conocer.
Olvidar información reciente con frecuencia
Uno de los primeros cambios que puede llamar la atención es la dificultad para recordar acontecimientos o información que han ocurrido recientemente.
La persona puede repetir varias veces la misma pregunta, contar una misma historia en poco tiempo o no recordar una conversación que ha mantenido ese mismo día. También puede olvidar citas, acontecimientos recientes o información que antes habría retenido con facilidad.
No es lo mismo olvidar ocasionalmente algo y recordarlo después que necesitar que otra persona le recuerde repetidamente la misma información.
Repetir preguntas o conversaciones
Este comportamiento merece especial atención cuando se convierte en algo habitual. Por ejemplo, una persona puede preguntar varias veces a qué hora tiene una cita, cuándo viene un familiar o qué planes tiene para ese día, aunque ya haya recibido la respuesta.
La repetición puede aparecer porque la persona no ha conseguido almacenar correctamente la información reciente, algo que es diferente de un simple despiste.
Perderse o desorientarse en lugares conocidos
Otro signo que puede aparecer es la dificultad para orientarse en lugares que anteriormente eran familiares. Puede ocurrir que una persona se desoriente durante un recorrido habitual, tenga dificultades para volver a casa o no sepa en qué lugar se encuentra.
También pueden aparecer problemas para situarse en el tiempo: confundirse con el día, la fecha o el momento en el que se encuentra.
Tener dificultades con tareas que antes realizaba sin problemas
Una señal especialmente importante es que la persona empiece a tener problemas para realizar actividades habituales que anteriormente hacía de forma independiente.
La clave no es que la tarea sea difícil, sino que antes la realizaba con normalidad y ahora ha aparecido una dificultad nueva. Cuando estos cambios empiezan a afectar a la autonomía, es especialmente importante solicitar una valoración.
Problemas para encontrar palabras o seguir una conversación
El Alzheimer no afecta únicamente a la memoria. También pueden aparecer dificultades relacionadas con el lenguaje. La persona puede tener problemas frecuentes para encontrar palabras, perder el hilo de una conversación o tener dificultades para comprender determinadas instrucciones.
Al principio pueden parecer pequeños cambios, pero si se vuelven cada vez más frecuentes y afectan a la comunicación cotidiana, conviene comentarlos con un profesional.
Cambios en el comportamiento, el estado de ánimo o la personalidad
En algunas personas, los primeros cambios que observa la familia no son exclusivamente de memoria.
Puede aparecer una pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, mayor irritabilidad, ansiedad, apatía, retraimiento o cambios llamativos en la personalidad.
Un cambio de comportamiento nuevo y persistente también merece atención, especialmente cuando aparece junto a problemas de memoria u otras dificultades cognitivas.
Dificultades para tomar decisiones o resolver problemas
También pueden aparecer problemas para organizar determinadas situaciones o tomar decisiones que anteriormente resultaban sencillas.
Por ejemplo, puede costarle más gestionar sus gastos, organizar una actividad cotidiana o resolver un problema práctico que antes habría solucionado sin ayuda.
Cuando estos problemas comienzan a comprometer aspectos como el dinero, la medicación, la conducción o la seguridad en casa, la valoración médica adquiere especial importancia.
¿Cuándo debemos preocuparnos realmente?
Más que fijarnos en un olvido concreto, hay que observar el patrón de los cambios.
Hay tres preguntas que pueden ayudar a una familia:
¿Está ocurriendo repetidamente?
Un despiste puntual es muy diferente de un comportamiento que se repite cada semana o incluso varias veces al día.
¿Está empeorando?
Si los olvidos y las dificultades son cada vez más frecuentes o afectan a más áreas de la vida, es recomendable consultar.
¿Está afectando a su vida diaria?
Esta es probablemente una de las señales más importantes. Si la persona comienza a necesitar ayuda para gestionar su medicación, dinero, citas, compras, desplazamientos o actividades que anteriormente hacía sola, no conviene atribuirlo simplemente a la edad.
El Ministerio de Sanidad señala la importancia de la detección precoz de las enfermedades neurodegenerativas, y la Atención Primaria desempeña un papel fundamental en la identificación inicial de estos cambios.
¿Cuándo pedir cita médica?
Si los cambios se mantienen durante varias semanas, se repiten o van a más, lo recomendable es solicitar una valoración en Atención Primaria.
También es aconsejable consultar cuando los cambios son observados por familiares o personas cercanas, especialmente si empiezan a afectar a cuestiones importantes como la medicación, las finanzas, la conducción o la seguridad.
Es importante no esperar necesariamente a que la persona pierda su autonomía por completo. Detectar los cambios cuando todavía son leves permite estudiar antes qué está ocurriendo y planificar mejor los siguientes pasos.
Además, tener problemas de memoria no significa automáticamente tener Alzheimer. Durante la valoración pueden estudiarse otras causas que pueden producir problemas cognitivos, algunas de ellas potencialmente tratables. La evaluación puede incluir una entrevista clínica, exploración, revisión de medicamentos, valoración del estado de ánimo, análisis y, cuando está indicado, pruebas de imagen u otras pruebas cognitivas.
¿Y si la confusión aparece de repente?
El Alzheimer suele evolucionar de manera progresiva, no provoca habitualmente una confusión que aparece de repente en cuestión de horas.
Si una persona que estaba bien comienza a presentar de forma brusca una confusión importante, somnolencia marcada, fiebre, dificultad para hablar, debilidad, alteraciones neurológicas u otros síntomas nuevos, no debemos asumir que se trata de Alzheimer.
Una alteración cognitiva aguda puede estar relacionada con un problema médico que necesita atención rápida, como una infección, alteraciones metabólicas, efectos de medicamentos, un ictus u otras situaciones.
Ante una aparición brusca o un empeoramiento rápido, especialmente si existen síntomas neurológicos, se debe buscar atención médica urgente.
No esperes a que los síntomas sean evidentes
Uno de los problemas que pueden retrasar la consulta es pensar que determinados cambios son simplemente “cosas de la edad”.
Envejecer puede implicar ciertos cambios en la velocidad para recordar o procesar información, pero no deberíamos normalizar un deterioro progresivo que empieza a limitar la autonomía de una persona.
Tampoco es necesario intentar diagnosticar Alzheimer en casa. Lo importante es observar los cambios, anotar cuándo comenzaron y en qué situaciones aparecen y trasladar esa información a los profesionales sanitarios.
Puede ser útil que un familiar acompañe a la persona a la consulta, ya que en ocasiones quien experimenta los cambios no es plenamente consciente de su evolución.
Cuidar también es saber cuándo pedir ayuda
Cuando aparecen cambios de memoria o autonomía, la familia puede encontrarse de repente ante una nueva situación de cuidados. A veces serán necesarias pequeñas adaptaciones en casa; en otras ocasiones puede ser necesario contar con ayuda para el acompañamiento, las actividades de la vida diaria o determinadas tareas.
No hace falta esperar a que la situación se complique para empezar a organizar los cuidados.
En JoinToCare queremos facilitar precisamente ese proceso: conectar a personas dependientes y familias con cuidadores que puedan ayudarles en sus necesidades del día a día, de una manera sencilla y rápida.
Porque detectar los primeros cambios es importante, pero también lo es saber que pedir ayuda no significa perder autonomía: muchas veces significa poder mantenerla durante más tiempo.
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